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En el mundo en el que vivimos, las jurisdicciones y sistemas fiscales están cada vez más conectados, tanto por su unificación en el ámbito europeo como por la movilidad de las personas que hacen que esas relaciones se acrecienten.

Ante este escenario, son cada día más frecuentes las situaciones en las que un mismo “evento” tiene efectos jurídicos en diferentes países, como es el caso de las herencias. En este sentido, nos podemos encontrar con infinidad de situaciones como, por ejemplo, que el causante se encontrase en España y ninguno de los herederos tuviera la condición de residente fiscal en dicho país o viceversa, o que el causante se encontrase en el extranjero y los herederos o alguno de ellos fueran residentes fiscales en España.

De esta forma, hay que destacar algunos conceptos que nos ayudarán a entender la alta complejidad tributaria de estas situaciones.

Cuando se devenga una herencia y existen puntos de conexión con España, puede resultar que se deba tributar atendiendo a alguna de las siguientes formas:

  • Obligación personal: En este caso, el heredero (que tendrá la consideración de residente fiscal en España) deberá tributar por todos los bienes y derechos que reciba, con independencia de dónde se encuentren.  
  • Obligación real: Este tipo de operación opera cuando ni el causante ni el heredero tienen la condición de residente fiscal en España, debiendo tributarse únicamente por los bienes y derechos que fuesen titularidad del causante y que se encuentren en España.

Pero esta no es la única circunstancia que se debe tener en cuenta a la hora de liquidar el Impuesto sobre Sucesiones de un no residente, sino que también se debe verificar la residencia fiscal de los herederos, aunque sean no residentes, puesto que si éstos son residentes en otro Estado miembro de la Unión Europea, se les deberá otorgar el mismo tratamiento que a los residentes españoles, en cumplimiento de la Sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 3 de septiembre de 2014, incorporada a nuestro ordenamiento a través de la Disposición Adicional Segunda de la Ley 29/1987, del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones.

Sin embargo, la dificultad de este tipo de liquidaciones se eleva al tratarse de un impuesto cedido a las Comunidades Autónomas, por lo que, tras determinar la tributación en España, ya sea por obligación personal o real, hay que desentrañar las reglas de localización para averiguar qué normativa aplica, siendo siempre subsidiaria la estatal. A estos efectos, los criterios utilizados van desde la residencia del causante, del sujeto pasivo o dónde se encuentren los bienes de mayor valor, entre otros.

Asimismo, en las relaciones con ciertos países como serían Francia, Suecia y Grecia, España mantiene firmados Convenios para evitar la doble imposición en materia del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, lo que añade otro componente adicional a la complejidad de este tipo de liquidaciones. Debiendo recordarse en este punto que, como se establece en la Constitución Española, los Convenios Internacionales tienen preeminencia sobre la normativa interna.

En definitiva, como ha quedado constancia, en el ámbito de las herencias, con un componente internacional, la complejidad de las liquidaciones se incrementa de forma exponencial, por lo que resulta esencial llevar a cabo un proceso ordenado con un asesoramiento experto.

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